Silencio de grillos

Suecia. Borlänge.
Tess Asplund es una persona que ha tenido aciertos y cometido errores en su vida. Que ha sufrido etapas de derrota, de frustración, de impotencia. Tess Asplund tiene virtudes y habilidades, emociones y derechos. Es como tú. Tiene dos ojos, sistema circulatorio, estómago y dos manos. Una de ellas la cerró hace días ante una manifestación de neonazis. Entonces, Tess Asplund también tuvo enfado, y tuvo miedo. Y su sexo y su color de piel y su puño cerrado eran las armas más poderosas del mundo.

Austria. Viena.
En el país centroeuropeo ha habido elecciones presidenciales. El Presidente Federal de Austria tiene un poder limitado, pero sólido: representar al país en el extranjero, destituir el Gobierno, disolver el Parlamento, ser comandante en jefe del Ejército. Norbert Hofer, el candidato ultraderechista, llegó a probarse el traje de esas responsabilidades: no le quedaba mal. Ha sido el voto por correo (sí, el mismo que en España se ha destrozado con una jungla de trámites) el que ha señalado con el dedo al ecologista Alexander Van der Bellen. La pregunta la hizo Antonio Villarreal en Twitter:

Grecia. Idomeni.
No recuerdo cuántas veces han cambiado de sitio a los refugiados. Muchas, de eso estoy seguro. Los cogen y los colocan allí, o acá; a veces, dan un saltito y los ponen en el rellano del continente. Son una urna funeraria: no la quieres, no sabes dónde ponerla; te planteas tirarla a la basura, pero algo te dice que está mal hacer eso con unas cenizas. Ya se te ocurrirá algo.

España. Barcelona.
A España llegarán unos seiscientos refugiados en los próximos meses. En estos días están llegando a varias ciudades del país aviones y trenes de los que bajan personas que sonríen desconcertadas, llenas de esperanza y alivio. Los rodean instituciones. Fotógrafos. Portadas. Teletipos. Medallitas en campaña. Hace nada han llegado a Barcelona diez refugiados sirios. No sonreían mucho.

Bélgica. Bruselas.
Cri, cri.

  Me pregunto si Tess Asplund mira hacia atrás cuando vuelve a casa. También si Van der Bellen tiene problemas de calcio en los huesos que le impidan soportar el peso de su presidencia. Y si Grecia va a seguir con la costumbre espartana de arrojar al vacío (el vacío de las mafias, del fondo del mar, de Oriente Próximo) a los que nuestros prejuicios no consideran aptos. Y si entre los refugiados empiezan a asentarse la rabia por la miseria, la ira por el trato inhumano que reciben o la envidia por no ser uno de los elegidos en los grupos de diez que llegan a nuestras ciudades. Me pregunto muchas cosas, y no tengo ninguna respuesta. Ese silencio de grillos bruselense me desconcentra.


Imagen: David Lagerlöf

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5 thoughts on “Silencio de grillos

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