Caricias y cicatrices

  Como las setas nacen de la descomposición de algo que vivía, los días extraños surgen de la descomposición del tiempo. Este invierno está lleno de días extraños… Es un invierno sin frío, y eso estimula las dudas. Ya sabéis: el cambio climático, la decoración navideña y qué ha pasado en nuestra vida de un año a esta parte.

  Dudaba hace un par de días sobre el sentido de los propósitos, ese ataque de ovarios y cojones que nos llena de sangre caliente y nos dispone para cualquier cosa, aunque pocas veces se mantenga hasta el final. Llegué a la conclusión de que el problema está en el enfoque: siempre que algo concluye, abordamos la transición mirando atrás (quién nos falta, qué no hicimos, cuánto no ahorramos) y, luego, nos retamos a nosotros mismos. Pocas veces se hace un balance sincero. En mi opinión, nunca hemos mirado decididamente hacia adelante sin importarnos una puta mierda los detalles de lo que hemos vivido; nunca hemos confiado lo suficiente en nosotros mismos, en lo que la vida nos deja en el cerebro y el corazón y la piel, sin necesidad de recordarnos de qué modo la ausencia y la insuficiencia nos han moldeado. Ni siquiera nos hemos planteado si los propósitos con los que arrancamos un nuevo año son realmente nuestros o de la sociedad.

  Dudé de muchas cosas en los días extraños.

  Creo que es la primera vez que conscientemente hago balance de lo que he vivido en 365 días. Sin detalles, solo cerrando los ojos un momento para verme las caricias y las cicatrices. Hoy, uno de enero de un nuevo año que comienza.

  El mayor dolor que encuentro es el inevitable; el que no es culpa de nadie, el que sucede porque sí. De nada sirve arrepentirse de dolores como ese: tan solo cabe aprender de ellos. Aprender, por ejemplo, a mirar más alrededor, a preguntarme más y a no desperdiciar la voluntad, la energía y el tiempo. Incluso de la más profunda tristeza con la que se viven algunos finales y transiciones también se extraen muchas enseñanzas, de esas que se adhieren a la piel, al corazón y al cerebro, sin necesidad de buscarlas.

  A pesar de esos momentos, estoy orgulloso de este año. Del aprendizaje continuo y el sentimiento de arraigo verdadero a un lugar. He cuidado de mi entorno lo mejor que he podido, he defendido mis ideas, he luchado por sacar adelante lo que me importa y me he entregado completamente. He reconocido al hombre que en el espejo se descubría canas, que lloraba y reía. He sido parte de la vida de personas a las que quiero.

  Todas las cosas que hice en este año dejaron de ser en sí mismas para convertirse en experiencias y emociones: para hacerme un poquito más libre y poder sentirme más vivo. Yo, que he tenido la fortuna de nacer dos veces, afronto un año que no era el previsto (lleno de dudas que antes no estaban) con la incomodidad del que sale de su zona de confort y con curiosidad por saber qué me tocará aprender. También con muchos deseos, esperanzas y sueños, que me guardo y que mantengo a dieta (eso es algo que ya aprendí).

  Gracias a las personas que son parte de mi vida. Por otro año más juntos.


Imagen: Pixabay (CC).

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3 thoughts on “Caricias y cicatrices

  1. Tatsu Hattori dice:

    Mañana para mi es un día especial, es el Kagami Biraki de nuestra escuela. Solo llevo una cosa que añadir a mis compromisos. Dejar atrás absolutamente todo lo que no aporta… ¿difícil, reto, ataque de cojojes? Me da igual, me he mirado al espejo y merece la pena.

    Gracias porque me siento parte y sutura de esas cicatrices. Va por ellas y por nosotros.

    Un gran abrazo, horizonte.

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  2. Alfonso Larrea dice:

    Una de las peores cosas que nos pueden suceder es dudar de si debemos o no mirarnos al espejo. Mirarse al espejo siempre merece la pena, siempre. Puede que tú formes parte del año que ha terminado y del año que comienza por eso mismo, porque te atreves a conocerte. Gracias a ti por tan buenos ratos compartidos, y los que nos aguarda el horizonte de 2016, 😉

    Abrazos, Tatsu.

    PD: Por más que lo pienso, no te ubico como parte de las cicatrices, aunque sí de las suturas, 🙂

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