Fallos del sistema

Es solo un ataque de ansiedad. Respira lentamente, inspirando todo lo que puedas.
Tan solo tienes estrés. Tómate la tarde libre.
Con un par de pastillas podrás dormir del tirón.
No pasa nada: en el estante de abajo tienes lo que buscas de marca blanca, que sí te lo puedes permitir.
Con un «lo siento» se olvidará esa salida de tono, ya verás.
Tranquilízate: saldrás cinco minutos después de que se hayan marchado todos los demás.
Es un coñazo, sí, pero ¿y lo descansado que te sientes tras hacerlo?
  La vida nos empuja a una serie de obligaciones laborales, sociales y burocráticas. Todas ellas son insoportables. El sistema pone al ser humano sobre el fuego, y esa presión afecta a nuestras capacidades y emociones. Por suerte, el sistema nunca olvida poner a nuestro alcance una espita para que podamos soportar siempre un poco más.
  El principio de este texto son ejemplos: ante alienaciones mal asimiladas, una combinación X de soluciones programadas por el sistema. Con algunos funcionan unas; con otros, otras. Sin embargo, cada cierto tiempo se dan actitudes que no responden a estas acciones implantadas. Conductas como la depresión, no tener tarjeta bancaria, no creer en Dios, manifestarse, aspirar a algo, motivarse uno mismo, no querer formar una familia, ser todo lo independiente posible, etc. Cuando ocurre uno de estos casos, se produce un fallo en el sistema, y han de tomarse medidas. Más allá de las específicas para cada caso, el convenido orden de las cosas tiene tres fases de cuarentena válidas para el conjunto de fallos sistémicos: la invisibilidad, la absorción y la manipulación. Es así que no son comunes las noticias sobre suicidios (invisibilidad); que se hacen campañas contra el consumo de drogas y hay omisión institucional al respecto (absorción); o que surge una conciencia colectiva ciudadana y espontánea, ante la que el sistema hace saltar todas las alarmas (manipulación).
  La manipulación solo concluye cuando el fallo es susceptible de ser absorbido o nuevamente invisibilizado. Cierto es que existe la esperanza entre los fallos de que uno de ellos supere todas las expectativas del sistema. Como una fecundación, el fallo consigue adentrarse en la estructura más básica y desde ahí dinamita todos los paradigmas. Esa es la última opción del sistema: infiltrarse él mismo como fallo. Y así, tarde o temprano, de un modo u otro, el sistema siempre soluciona sus fallos.
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