Declamar el 15M

La gente decidida se lanza rápido. No por temerarios, sino porque tienen tan claras las cosas que no pierden el tiempo desaprovechando oportunidades. Al principio, algunos fuimos escépticos, meros observadores que compartían la forma y el fondo; pero nada así puede evitarse mucho tiempo. Tarde o temprano te llama. Te implica.

  Mi compañera me dijo: «El mayor logro es la conciencia colectiva». Así lo creí en su día, y ahora, con los años como pruebas, esa consecuencia se vuelve absoluta.

  Reflexiono. La violencia acelera las cosas, con todo lo que eso —la violencia y acelerar las cosas— conlleva. Digo esto porque muchos esperaron y esperamos en aquel entonces que todo se precipitara, como pregonar una enumeración a contrarreloj. La ciudad de Sol —una ciudad necesita más de valores que de edificios para ser— y toda la varicela de ciudades que hubo en España aquellos días no eran más que la fase beta. Algunos pensaban que, como con la violencia, todo se acabaría pronto, los objetivos se cumplirían en un santiamén; no se comprendía a mitad de mayo de 2011 que lo que había comenzado era la declamación de todas las palabras, una tras otra, retirar las que no servían, construir oraciones, mejorar su estructura, saltar de párrafo a párrafo. No sé cuántos capítulos se han hecho desde entonces, ni los que quedan para terminar el libro.

  Muchos comenzamos a comprender realmente aquello cuando la fase beta culminó. En esa incertidumbre que acompaña a la invisibilidad, fuimos identificando comisiones, actos de protesta y discusión, medidas tomadas en asambleas por y para los vecinos de cada barrio. Como el cuerpo incorrupto de un santo, se desmembraron las ciudades y se enviaron los fragmentos a cada distrito, barrio y plaza como unidades autónomas trabajando por un fin colectivo.

  Nadie sabe si aun hay inercia en la máquina —cuatro años para algo así no es nada— o si ha emergido un movimiento perpetuo. La evolución del movimiento 15M ha superado las revelaciones conscientes de cada uno de sus integrantes. Por primera vez en décadas ha surgido algo cuya transversalidad es realmente transformadora; lo más parecido a un mito cultural o una identidad nacional. Más que un partido político. Más que un equipo de fútbol. Es algo más cercano al Quijote.

  No habrá cambios bruscos—no deberían esperarse—. Tampoco un rayo cortará las cadenas. Viviremos en la precariedad, la injusticia y la supervivencia aún. Resistir es difícil, pero necesario. El 15M nos demostró que éramos capaces de resistir y que había más gente de la que pensábamos resistiendo por los mismos motivos y los mismos fines. Sigamos declamando todas las palabras.

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