Fernando Fernán Gómez antes de actuar

1979

  Otro día más, cada vez más prontamente vuelve este pegamento en los dedos, este papel de envolver paredes con cuatro versos escritos en él, un minuto tras otro con la espalda lacerada de sostener un vestuario, mirar a Emma, a Gabriel, a Carmen, a Joaquín, a Manuel, una mirada tras otra recitante, tan implicados en algo que valoro y amo, y no soporto, ¡el cine tiene la magia de lo irrepetible! pero el teatro, ¡cómo cambia de escribirlo a interpretarlo!

– Fernando, ¿estás bien?

– Sí, sí, estoy bien, Emma. ¿Sucede algo?

– No, solo que en diez minutos comenzamos.

– Diez minutos -masculla-. Está bien. ¿Hay gente?

– Casi está lleno otra vez.

– ¡Pero bueno! Si viene tanta gente, ¡no podremos cancelar la actuación!

– ¡Fernando!

– Que sí, que sí, que ya voy; anda con los demás, que os acompaño enseguida.

  ¡Otra noche de reiteradas mímicas! y los aplausos, qué gratos, y las declamaciones, qué intensas, pero qué cansado una y otra y otra y otra, ¡qué plasta de actores!

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