Emilio Alarcos y la Real Academia Española

1993

– Podrían salir de esta obra tantas como académicos se encuentran en esta sala. No es posible llegar a un acuerdo, y no por tozudez mía, que, al fin y al cabo, solamente defiendo mi trabajo, sino porque estas discrepancias que surgen tras la lectura del mismo infringen las condiciones acordadas con el señor director Dámaso Alonso, ya desaparecido.

  Emilio Alarcos se encontraba cómodo en el sillón. Sabía que, a pesar de sus esfuerzos para que la terminología tuviese una neutralidad aceptable por la normativa académica, no iba a conseguir más que mitigar a los detractores de su escuela.

– Convendrá conmigo, señor Alarcos, en que la Academia no puede publicar bajo su nombre su desarrollo de la pasiva.

– Entiendo todas las cosas que dicen, del mismo modo que me han entendido ustedes a mí.

  Fueron breves reuniones de gran intensidad que frustraron los intentos de la Academia por obtener su ansiada Gramática, pasados ya los años del Esbozo. Era, en cambio, Emilio Alarcos quien no tenía nada que perder en aquellas deliberaciones, más allá de la palabra dada al antiguo director, cumplida en forma de libro. Los años de estudio no presentaron inconveniente alguno más allá de alguna que otra presentación de los avances en el proyecto, hasta la conclusión del mismo y su anuncio a Lázaro Carreter, actual director de la institución.

  Pasaron unos días. Emilio Alarcos y la Academia formularon un acuerdo.

Anuncios

Opinión de los lectores:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s