Monedas de la Transición

1976.

 

 – ¡Niña! ¿Estás ahí? ¡Niña!

  Teresa da vueltas abrazada al laurel de la casa de vecinos. Tras dar una voz a la abuela, sube las escaleras que llevan a las habitaciones. En la primera encuentra sentada a Inés, en los albores de la ceguera, con las monedas muy cerca de los ojos.

 – Siéntate aquí y dime quién sale en esta peseta.

  La cría se sienta y coge la moneda de las puntas de los dedos de Inés. La mira por un lado y la mira por otro.

– Esto son cincuenta céntimos, abuela.

– Bueno, pero ¿de quién es la cara?

– De Franco.

– Pues quédatela. ¿Y esta otra?

– Esta es una peseta del rey.

– Esta no –Inés la vuelve a guardar en el monedero de boquilla. Coge otra de la mesa y se la acerca a la nieta-. ¿Y aquí?

– Aquí otra vez Franco, abuela.

– ¿Y de cuánto es?

– De cincuenta céntimos.

– Pues toma, ya tienes la paga. Cógete la peseta y vete con tus amigas.

– ¡Muchas gracias, abuela!

  Teresa le da un beso y se marcha corriendo. Inés queda en silencio guardando las pesetas y los céntimos en el monedero. Intenta ver de cerca algún rostro, pero no distingue los perfiles de los hombres representados. Suspira. Poco a poco, Inés confirma que desprenderse de los símbolos no calma nada.

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