Robert Capa en España

1936.

– Despierta, Endre.

  Endre Ernő Friedmann se levanta de la yacija algo sobresaltado. Ha dormido muy poco en las próximas horas. Extrañado, mira a su novia.

– ¿Qué ocurre?
– Nada malo, Endre. Mira, he sacado los negativos.
– ¿Hay agua?
– Sí.

  Vuelca un botijo sobre su mano y se pasa la mano mojada por la cara. Bebe un poco y besa a Gerda, que sostiene varios negativos de los últimos días.

– ¿Estas son las fotografías de Espejo?
– Sí.
– Me impresiona esta.
– Sí, y cuánto costó –rememora Gerda.
– Una muerte más. Qué lástima. ¿Quién tomó esa fotografía de los dos?
– No lo sé –resuelve Gerda-. Se han mezclado en la valija.

  Endre se molesta, pero se limita a asentir con la cabeza, devolviendo los documentos a Gerda. Se tumba y, en silencio, se abotona la camisa ante la mujer y el miliciano que sostiene en la mano.

– Busquemos al General para ver hacia dónde podemos ir.

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