Astilleros Euskalduna

1984.

– ¡Corre, corre!

  Pablo González se desploma sobre el suelo que pisa.

– ¡Eh! ¡Eh! –Martín grita al darse la vuelta y ver a su compañero en el suelo. Tropieza y se deja caer al escuchar a la policía decir «Si salís del barco, os matamos a todos». Se arrastra hasta Pablo, ya muerto.

  Protegidos tras el acero, Martín llora mientras zarandea a Pablo para que reaccione. Algunos compañeros corren hacia ellos cuando tienen oportunidad.

– ¿Le han disparado?
– No lo sé –confiesa Martín–. No veo sangre más que en la cabeza.

  Efectivamente, Pablo tiene un golpe en la cabeza desde hace unos minutos, pero no hay herida de bala.

  A Pablo González le ha dado un infarto, pero aun no lo saben.

– Han dejado de disparar, Martín. Julen y Larrazábal están aquí, conmigo. Vamos ahora.

  Mientras que tres compañeros cargan con Pablo cadáver, corriendo todo lo que pueden, se reanudan los disparos, esta vez no tan cerca, pero igual de hirientes.

– ¿Para dónde, Paco, para dónde?
– ¡Vamos para el otro lado de la cubierta!

  Mientras que todos corrían de un lado para otro y se refugiaban, Paco vio cómo entraban en la biblioteca. A lo lejos, había compañeros gritando cerca de la sección sindical de UGT.

– Martín, quédate con él y con ellos. Voy a avisar a la policía.
– ¡A esos cabrones!
– ¡Martín, Pablo está muerto! ¡No le late el pecho, joder!

  Martín asiente cuando Paco ya ha marchado para buscar ayuda. El puente de Deusto está lleno de furgones.

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